Si hay un lugar en Santander que se ha ganado un rincón especial en mi corazón, ese es Las Hijas de Florencio. Ubicado en el encantador Paseo de Pereda, 23, este restaurante no es solo un lugar para comer; es una experiencia que combina tradición y un ambiente acogedor que te invita a quedarte un rato más.
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Desde el primer momento en que entré, me di cuenta de que había algo especial en este lugar. La decoración rústica con un aire antiguo le da un toque nostálgico que me hizo sentir como si estuviera en una tasca de toda la vida, pero con un giro moderno. Las paredes de ladrillo, las mesas de madera y la iluminación suave crean un entorno perfecto para disfrutar de una comida relajada, ya sea en su acogedora terraza o en el interior.
La carta es un verdadero festín para los amantes de la tapa. Ofrecen una variedad impresionante que va desde tapas clásicas hasta raciones generosas. Me encanta cómo cada plato está preparado con esmero y atención al detalle. Aquí hay algunas de mis recomendaciones:
- Tortilla de patatas: Clásica y jugosa, ideal para compartir o para disfrutar en solitario.
- Pulpo a la gallega: Tierno y bien sazonado, un must para los que disfrutan del marisco.
- Croquetas caseras: Siempre un acierto, con una textura cremosa que se derrite en la boca.
Además, la selección de vinos y cervezas complementan perfectamente cada bocado. No puedo resistirme a pedir una copa de vino tinto para acompañar mis tapas; la carta de vinos es variada y ofrece opciones para todos los gustos.
El ambiente es definitivamente informal y acogedor, lo que lo convierte en un lugar perfecto para ir con amigos o con la familia. He ido en varias ocasiones y siempre he encontrado un grupo diverso de clientes, desde familias con niños (las tronas son un plus) hasta grupos de amigos disfrutando de una buena charla acompañada de deliciosas tapas.
Una de las cosas que más aprecio de Las Hijas de Florencio es la atención al cliente. El personal es siempre amable y dispuesto a recomendarte lo mejor del menú. Se nota que disfrutan de lo que hacen y eso se refleja en la calidad del servicio.
Los horarios son bastante convenientes, abriendo a las 12:00 y cerrando a las 22:30 durante la semana, y hasta las 23:30 los fines de semana. Esto me da la flexibilidad de ir a cualquier hora, ya sea para un brunch o para una cena tardía.
Es importante mencionar que el lugar es accesible para sillas de ruedas, aunque el aparcamiento en la calle puede ser un desafío en horas pico. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena.
Aunque Las Hijas de Florencio no tiene página web, su presencia en redes sociales y la atención al cliente son suficientes para mantenerme informado sobre cualquier novedad. Además, la opción de comer allí, llevar o disfrutar de un café en el bar me permite adaptarme a cualquier plan que tenga.
Las Hijas de Florencio es un lugar que recomiendo sin dudar. La combinación de un ambiente acogedor, un excelente servicio y una deliciosa oferta de tapas lo convierten en un destino imperdible en Santander. Si aún no lo has visitado, ¡no esperes más! Te aseguro que no te arrepentirás.
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