Recientemente, tuve la oportunidad de visitar la Cervecería La Calmá en Badajoz, y debo decir que fue una experiencia bastante interesante. Situada en la Plaza de los Alféreces, 4, este local tiene un ambiente acogedor y relajado que invita a disfrutar de un buen rato con amigos o familiares.
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Desde el momento en que llegamos, el personal nos recibió con una sonrisa, lo que ya nos dio una buena primera impresión. La cervecería cuenta con una terraza encantadora donde decidimos sentarnos, disfrutando del clima agradable de la tarde. Me gustó mucho que el lugar es accesible para sillas de ruedas, lo que demuestra que están comprometidos con ofrecer un espacio inclusivo para todos.
La carta de la Cervecería La Calmá es bastante variada. Ofrecen una amplia selección de bebidas alcohólicas, incluyendo cervezas artesanales y licores fuertes, así como opciones sin alcohol como café. Me sorprendió la cantidad de platos pequeños disponibles, ideales para compartir. Optamos por probar varias tapas, y aquí es donde la experiencia se pone interesante.
Lo que probamos
- Tortilla española: Muy bien hecha, jugosa y con un sabor auténtico.
- Patatas bravas: Crujientes por fuera y suaves por dentro, acompañadas de una salsa picante que le daba el toque perfecto.
- Jamón ibérico: Delicioso y bien presentado, un clásico que nunca falla.
El ambiente del lugar es informal y relajado, lo que nos permitió disfrutar de nuestra comida sin prisas. A medida que avanzamos en la noche, noté que el local se llenaba de grupos y parejas, todos disfrutando de la buena comida y conversación. La música de fondo también ayudó a crear un ambiente agradable y festivo.
Una de las cosas que más me gustó fue que se aceptan reservas, lo que es un gran plus si planeas ir en un grupo grande o en días concurridos. Además, el hecho de que aceptan tarjetas de crédito facilita mucho las cosas al momento de pagar.
El servicio fue, en general, efectivo y amable. Aunque había momentos en que el local se llenó y tuvimos que esperar un poco más por nuestros pedidos, el personal se mostraba atento y siempre dispuesto a ayudar.
Hacia el final de la noche, decidimos pedir un postre para compartir. Elegimos la tarta de queso, que resultó ser una excelente manera de cerrar nuestra velada. Suave y cremosa, con un toque de fruta fresca, fue el broche de oro perfecto.
La Cervecería La Calmá ofrece una experiencia bastante agradable con un menú que satisface tanto a los amantes de la cerveza como a aquellos que buscan disfrutar de una buena comida en un ambiente acogedor. Con una calificación de 3.5 de 5, parece que hay algunas áreas de mejora, pero para una noche informal con amigos, definitivamente vale la pena visitarla. Sin duda, volveré para seguir explorando su carta y disfrutar de más momentos agradables.
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